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martes, marzo 29, 2022

Not a warrior

Not a warrior

There’s magic beneath his eyes,
sometimes dark, sometimes white,
a spell that binds,
or a spell that hides.

There’s a fight inside his heart
beating like a drum (of war).
It goes on and on,
another victim, another body dropped.

And it hurts to know
that he won’t win
because he’s fighting alone.

But I found myself
again under his spells
trying to see, trying to help.

There’s warmth coming from his hands,
sometimes slow, sometimes fast,
a touch that burns,
and a touch that calms.

There’s so much inside his head,
making him lose his mind.
It goes on and on,
another ghost, another live spurned.

But I found myself
at his side again
trying to fight, trying to help.

And maybe it won’t work,
and the war will go on.
Or maybe it will,
and I’ll end in an unmarked grave.

sábado, abril 13, 2013

Haré

Haré

Le diré al viento que todo está perfecto.
Le diré al tiempo que nada queda dentro.
Le susurraré al destino que no hace frío.

Dejaré los recuerdos a salvo.
Los buenos, los malos, los nuestros.
Dejaré los momentos a resguardo.
Los alegres, los tristes, los nuestros.

Permitiré que se repitan las noches.
Noches de lágrimas y sonrisas.
Permitiré que se abran las heridas.
Noches de curas y dolores.

Le diré al viento que todo está perfecto.
Le diré al tiempo que nada queda dentro.
Le susurraré al destino que no hace frío.

Gritaré al cielo que sólo soy gris.
Días blancos y negros unidos.
Gritaré a quien escuche un por fin.
Días que quedarán perdidos.

Le diré al viento que ya todo está perfecto.
Le diré al tiempo que ya nada queda dentro.
Le susurraré al destino que ya no hace frío.

sábado, marzo 16, 2013

Volvamos a empezar

Volvamos a empezar

Querría escribir unos pequeños versos de amor,
pero no logro sacar el rencor de mi corazón.

Alguien inteligente ya escribió: 
si el amor se lograse por méritos...
Pero unos siempre tienen más que otros sin razón.
Mientras alguien presume de su posesión,
otros lloran de dolor.

Y quizá todo se resume en una canción
que componemos con cada amargo acordeón
que creamos con nuestro acuchillado corazón.

Quería escribir unos breves versos de amor,
pero todo se queda en intención.

Quien sabe aprovechar ,
nunca le dejaría marchar,
pero ambos sabemos que eso no será.

Sólo un peón más para ganar, 
solamente un juguete más para estropear.

Consecuencias al final,
a bien o a mal, 
dos pierden y uno se queda en el pedestal.

Hay que saber amar,
pero sobre todo saber perdonar,
saber olvidar.

Las oportunidades pasan sin cesar,
si no aceleras las perderás.
Esas jamás esperarán.
Yo aprendí a sentarme y verlas desfilar.
En ocasiones duelen y hacen llorar,
pero te enseñan a esperar.
Sobre todo, te enseñan también a valorar
los motivos para amar.

domingo, noviembre 25, 2012

Hasta aquí llega, 13.

Sólo espero que algún día encuentres ese sobre que te di, y que antes de deshacerte de él, lo abras y recuerdes cada momento, cada palabra. Que antes de quemarlo o lo que hagas con todos los recuerdos que lleva grabado ese pequeño regalo, vuelvan a tu memoria esos detalles que me hacen ser diferente y que era, probablemente, lo único que te mantenía a mi lado.
Quiero que me dediques un último pensamiento, del tipo que sea, y que tu forma de echarme de donde he estado este tiempo te produzca un último remordimiento.
Me obligaste a romper definitivamente todas y cada una de mis promesas. Ya no te culpo, pero tampoco a mí misma. Éramos inestables, yo superé mi límite y tú lo aprovechaste para usarlo como punto y final. ¿Era necesario? Lo dudo. ¿Era inevitable? Seguramente. Ambos lo sabíamos, me lo recordabas cada mínima oportunidad. Lo negué un millón de veces, para convencerme a mí más que a ti.
Te fallé, me fallaste, me rompí y te olvidaste. Tú no lo quieres arreglar y yo no puedo arreglarlo. He cerrado puertas, he abierto otras, he dejado atrás muchos cachos, pero ahora está todo cicatrizado. He aprendido la lección: no entraba en la nueva ecuación de tu vida.
Nunca me han gustado los puntos finales. Nunca los pondré. Por eso sólo te digo, por última vez: Adiós, cariño...

viernes, marzo 30, 2012

Falsos tópicos, falsas esperanzas

Falsos tópicos, falsas esperanzas

Es como tener una espina donde más duele y no querer sacarla porque nos da miedo ver que queda una cicatriz después, o peor, un agujero que no va a cerrar. Nos da miedo sentir que algo se estropeó y que no volverá a ser lo mismo. Tampoco dejamos que nuestro cuerpo, más inteligente que nosotros, se ocupe de ella. Dejamos todo tal y como está a modo de recordatorio permanente, sabiendo que a la larga será peor, que será una tortura sin motivo porque de ahí no saldrá nada bueno. Acabamos acostumbrándonos a que esté ahí, aprendemos a ignorar el dolor hasta que a alguien le da por preguntar: Hey, ¿qué tienes, no te hace daño?

Como ya dije una vez, sí que hace daño, sí que duele, pero por cobardía, por temor, por añoranza, por yo que sé qué, no puedo ponerle solución.


Que el tiempo no cura, acostumbra; que un clavo no saca otro clavo, simplemente tienes otra cosa más de la que preocuparte y que el odio no lo mejora, sólo da remordimientos.

jueves, diciembre 22, 2011

Razón contra amor

Que sin duda, aquellos que hablan del amor, que dicen que se basa en algo químico, que es algo del cerebro, jamás han amado.
Que dichos valientes le expliquen a mi corazón por qué se acelera sin nada especial; por qué por las noches, muchas veces, duele como si estuviera herido, hecho trizas; o por qué desde hace demasiado tiempo, se siente obligado, maltratado, arrastrado, emocionado, atado a una puerta de la que tira, pero que se abre en la otra dirección.



Que si esto es una enfermedad, alguien le de una cura. Que si no la tiene, que la atenúe.

miércoles, noviembre 09, 2011

Directo al corazón

A veces, me dejo llevar por la ilusión de que es sólo un capricho.
Que lo imposible es lo que siempre más anhelamos.
Pero luego, al sentir las mariposas... no, más bien los elefantes, que pisotean mi estómago con simplemente verle, borran de un plumazo toda lógica.
Es entonces cuando me entra el miedo por la garganta, me hace apretar los dientes, respirar más fuerte, combatir las ganas de gritar que estoy ahí. Baja por la garganta, congela mi cuerpo hasta la punta de los pies, atenaza mis músculos y bloquea mi mente. Me obliga a apartar la vista, a encogerme, a hacerme invisible.

Es un corazón dañado, harto de sufrir por algo que está tan lejano. Es un corazón que no ha aprendido de los errores, que sueña y se ilusiona, sabiendo que está prohibido. Es lo que queda de caída tras caída, de algo enamorado de una mentira que él mismo ha construido día a día. Es un corazón a tiras, que aún se para con una mirada, que echa a latir desbocado con una sonrisa. Es como un inocente que se ha condenado libremente a muerte.

sábado, noviembre 05, 2011

Dare (Atrévete)

Dare

Una habitación, en un edificio en pleno centro de la ciudad. Una chica acaba de cerrar de golpe la puerta de su armario antes de girarse bruscamente, para encarar a la otra persona presente. Es un joven con una expresión rabiosa en sus labios y ojos ennegrecidos por lo que parece ser furia. Él se está agarrando la cabeza con ambas manos, con gesto desesperado. Ella extiende los brazos con exasperación y le pega una patada a una caja y tira todo fuera. Luego tendrá que recogerlo, pero eso en ese momento no tiene ninguna importancia. Son incapaces de mantenerse la mirada más de un par de segundos seguidos, pero aún así están enfrentados como jamás lo habían estado, quizás como jamás lo volverán a hacer.
Por sus mentes van pasando cada instante vivido uno junto al otro y todo vuelve a comenzar.
-Piensa, simplemente piensa –le espeta la chica-. Recapacita por una vez en tu vida.
-Es que no lo entiendes…
-¡Pues claro que no lo entiendo, no dejas que lo haga! –le está chillando sin poder controlarse más-. ¡Encierras todo bajo una llave que nunca me has dejado ni mirar!
Vuelven a mirarse a los ojos, unos con expresión dolorida y otros con rencor. Aunque sólo tienen la cama en medio, parece que hay todo un océano y medio mundo entre ellos. Ella se cruza de brazos, como intentando mantenerse de una pieza. Él, en cambio, esconde la cabeza bajo sus manos anchas. Sus piernas apenas le sostienen en ese momento.
-¿De qué tienes miedo, por qué me temes? –su voz se suaviza cuando le pregunta eso.
De repente, el joven llega hasta su lado y la agarra por los hombros. La sacude levemente, pero de forma rígida.
-¿Miedo, soy yo el que tiene miedo? –le replica con la mandíbula tensa-. Si sólo con mirarte fijamente o acercarme a ti te echas a temblar, como si quisiera destrozarte o algo. ¿Por qué insistes tanto? ¿No puedes dejarlo estar?
-¡No, claro que no puedo! –ella grita, fuera de sí y con los ojos demasiado brillantes-. Sigues sin darte cuenta de que eres la persona que más daño puede hacerme en toda mi vida, que puede hacerme pedazos con una simple frase o con algún pequeño acto. Tienes en tus manos más de lo que nadie ha tenido jamás de mí, y continúas jugando conmigo y mis sentimientos como si yo fuese irrompible.
Ambos enmudecen, sus músculos se tensan y se separan lentamente. Un paso hacia atrás. Otro paso más. La chica cierra los ojos, niega con la cabeza. Nunca es fácil poner un sentimiento en palabras sobre la mesa, ni tampoco lo más sensato. Menos aún, en situaciones como esas, donde se lanzan los dados y se apuesta todo a suerte, para bien o para mal.
-No deberías haber dicho eso –él se pellizca el puente de la nariz con los dedos-. Yo jamás he jugado contigo. Nunca he querido hacerte daño, nada más lejos de la realidad. Eres importante para mí y muchas veces no se qué haría sin ti.
-¿Jamás, estás seguro? –le mira mientras lo dice con tono irónico-. ¿Cuánto te importo?  Dices tantas cosas que no sé cuando creerte. Todas esas miles de veces que me has agradecido mi presencia en los malos momentos, pero te desvivías por alguna otra que también escuchaba tus problemas. Nunca has tenido en cuenta lo mucho que me afectaba cada día que te ayudaba, ni lo que me dolía ver tu comportamiento con tus demás amigas.
Sus ojos se encuentran, marrón miel y verde apagado. Los primeros, desconcertados. Los segundos, con lágrimas apunto de caer.
-Creía… creía que todo estaba olvidado, que sólo era un amigo más, a pesar de las bromas que te hacía, que simplemente fue un encaprichamiento tonto y que ya se te había pasado –él tartamudea, dándose cuenta de la metedura de pata que llevaba cometiendo desde hacía tiempo.
Ella sonríe, pero con una sonrisa triste, melancólica, dolida.
-¿Eso pensabas? –se frota los ojos y suelta una carcajada fría-. Quizás debería estudiar teatro, o dejar de usar tanto la ironía contigo, que está visto que no pillas ni una. Siempre has sido de neurona espesa.
Silencio. Por ambas partes. Nadie habla y ni una mosca se atreve a interrumpirles. No era momento de broma alguna, pero sencillamente se le acababa de escapar. La joven coge aire, va a empezar a hablar de verdad. En cambio, él, se muerde el labio inferior, sin apenas reaccionar.
-¿Sabes la cantidad de veces que me han dicho que teníamos que hablar? Que tu comportamiento no era normal, que te divertías a mi costa o que simplemente sentías algo que no querías admitir –la chica se da la vuelta y se sienta en la cama, de espaldas a él. No quiere que vea sus lágrimas-. Pero cada vez que estaba contigo todo era diferente. Igual eras la persona más tierna, o la más débil, o quizás ni me atrevía a acercarme a ti por miedo a encontrarme cara a cara con tu muralla y que me echases de allí a patadas.
-Lo siento, lo siento de veras, pero así es cómo… -según lo dice se va acercando a ella de nuevo.
-¡No! –ella se vuelve, con los ojos rojos y un rastro húmedo en sus mejillas-. Ni se te ocurra acabar esa frase ni una sola vez más. Lo sé de sobra, es eso lo que hizo que me enamorase de ti, mucho antes de que lo hiciese de tu sonrisa, de tus ojos. La carne es débil de todas formas, ¿verdad? Simplemente creo que hasta aquí hemos llegado.
El chico tiembla, su mente por unos momentos se colapsa. ¿Cuánto tiempo lleva equivocándose? ¿Negándoselo? Está a dos pasos del borde de la cama. Avanza uno. Y se deja caer de rodillas. Su cabeza queda inclinada hacia el suelo.
-¿Qué quieres que haga? –su voz es apenas un susurro-. ¿Qué necesito hacer?
-Atrévete –una sola palabra que implica más que un desafío-. Tu última oportunidad.
Sin dudas, sin cobardía por primera vez. Sin miedos y con el valor por fin. Se levanta ligeramente, rápido como una cobra. Agarra con suavidad el rostro de la chica y atrapa sus labios, con la urgencia de saber que casi la pierde para siempre.
A pesar de las lágrimas que habían adornado las mejillas de ambos, una sonrisa aparece en sus labios, aún unidos, cuando ella le agarra la camiseta y tira de él, cayendo sobre la cama. Él intenta no hacerle daño, apartándose un poco. Ella le sujeta fuerte, le da igual tener que aguantar su peso, sólo quiere sentirle cerca, lo más cerca que le permiten las reglas físicas. Había estado soñando con eso durante miles de noches, durante cada segundo de cada día.
-Eres tonto, tonto, tonto –le susurra en la oreja, con una sonrisa feliz, antes de mordisquearle el lóbulo.
Él se aparta, le mira serio. Bueno, su expresión es seria, no así sus intenciones.
-¿Me estás insultando? ¿De verdad? ¿Has tenido el descaro de llamarme tonto?
-Sí, y te lo diré las veces que haga falta –contesta ella frotando su nariz contra su ancho cuello-. Mi tonto. Tengo derecho a ciertos privilegios, ha sido demasiado tiempo el que he resistido. Y ahora que eres oficialmente mío, me aprovecharé.
Sus manos viajan por todas partes, como alas de mariposa. Le besa como si el mundo acabase en pocos instantes y él responde igual. Sus lenguas bailan al compás mientras sus labios luchan por convertirse en una sola cosa, en una sola persona. En algún momento, así ocurre. Se desvanecen las barreras, los límites, los temores, los malos momentos, los dolorosos recuerdos. Sólo quedan, por fin, él, ella. Ellos.
Frente a frente, se miran a los ojos, hablando sin palabras y de pronto por las mejillas de la chica resbalan un par de lágrimas, que él se encarga de secar con sus labios, antes de preguntarle que le ocurre. Sin más respuesta que una sonrisa, se deja envolver por sus delgados brazos y entierra la cabeza bajo su pelo, aspirando su aroma mientras ella medio solloza, medio ríe.
-¿No era yo el bipolar? –inquiere el chico-. Ahora mismo no estoy seguro de quién de los dos se merece ese adjetivo.
-Déjame –masculla ella con los ojos algo rojos-. Estoy feliz.
-¿Sabes? He descubierto que, a pesar de todo lo que he podido llegar a decir, pensar e incluso sentir, te quiero.
-¿Un te quiero como los míos, o el de bolsillo? –replica ella suavemente.
-Un te quiero de estos.
Con los dedos enredados en el cabello liso y claro de la muchacha, hace que sus labios se encuentren de nuevo, entregándole todo lo que tiene y todas las promesas con las que ata sus corazones, iniciando el baile más rápido, más lleno de ilusiones, emociones, sentimientos, sueños, más feroz, que pueden permitirse sus cuerpos. El mismo baile que descubre la luz de la luna llena, acariciando a ambos con sus destellos a través del ventanal, como dándoles su bendición.

lunes, octubre 10, 2011

-13-



In another reality, you don't ask how, when or what.
In another reality, you are who tries to do that.
In most of my dreams, you are who dares.
In my own world, you have done it and my heart doesn't hurt.
In a perfect world, I wouldn't be writting anything about that.

jueves, agosto 11, 2011

You, boy, just, never go out of my life


Que no importa la distancia, que no importa donde estemos, de todas formas siempre queda nuestro recuerdo. Da igual si no te atreves, da igual si no lo admites. Sigues siendo tú, sigo siendo yo. Pero sigue siendo un "te echo de menos" a cada momento, un "te necesito" a cada día y un "te quiero" con cada despedida.

lunes, mayo 16, 2011

Mi baúl de secretos

Mi baúl de secretos

No sé si seguiré aquí cuando sepas echarme de menos,
ya no seré la misma que creía en amores de ensueño.

No soy aquella que fingía no tener celos,
tampoco la que imaginaba el "fueron felices" de los cuentos.

Quizás quiera volver a buscarlo de nuevo
y tal vez rellene de olvido y sentimientos mi baúl de secretos.

A lo mejor mi corazón se cansa de cualquier juego.
No quedará nada de la chica que almacenaba nuestros momentos.

La paciencia se acaba y la experiencia muestra su efecto.
Lo que deseo quiere volar como un pájaro que rompe el huevo 
.
A todo lo que quiero hacer me dicen que no debo.

Pero aún así, cuando me alejo, todavía espero que aprendas a echarme de menos.