martes, julio 22, 2014

Madness and Goddess

Madness and Goddess

Un grito rompe el silencio de un gran edificio de aspecto oscuro. Un grito que crece hasta estallar las escasas luces de los pasillos vacíos. Es un grito que suena a terror y a locura. Que suena a espanto y perdición.

Nadie sabe cómo, nadie sabe cuándo, ni tampoco el por qué. Pero todos saben que ese sonido significa sangre y muerte. Al menos, mientras lo escuchen, pueden respirar tranquilos porque no serán ellos los que no volverán a salir de la oscuridad. Todavía.

El edificio tuvo un nombre, del tipo que se pone en un panfleto y en las imágenes de promoción. Pero el parecido del lugar con la ciudad de leyenda y pesadillas donde los horrores se suceden, hizo que el mundo lo conociera como Cícero. Cícero, el manicomio para los perdidos.

Sólo una carretera mal asfaltada llega hasta él, apartado del mundo, por donde los encargados de transportar mercancías y pacientes son los únicos que se atreven a transitar. No hay visitas, no hay inspecciones, no importa el control, porque es un viaje de ida sin vuelta. Es un viaje hacia las puertas del infierno.

Hubo una época en la que el hospital psiquiátrico no era más que eso, un hospital para personas con enfermedades mentales. Lo hubiera seguido siendo, pero la llegada de una pequeña niña lo cambió todo. Una niña que sus padres temían como si fuera la peor de sus pesadillas.

Ya han pasado más de veinte años de aquello.

Su nombre es Astarté. Nadie se pregunta si es real o no: no cabe duda alguna de que es ella. La pequeña había crecido hasta convertirse en una hermosa mujer de pelo castaño oscuro y ojos negros como la brea de mirada rasgada. Nada en su cuerpo es imperfecto y su rostro simétrico llama la atención por una marca con forma de estrella en la sien derecha. Pero su belleza es traicionera como una tormenta de arena en la noche desértica. El alma de Astarté es tan oscura como sus ojos y su mente es tan cruel como la del mismo demonio.

Una maldición devora día a día el manicomio por una simple razón. Y es que en Cícero habita la reencarnación de una diosa devorada por la locura.

Es ya de noche cuando uno de los encargados de mantenimiento se atreve a entrar al pasillo a cambiar las luces estalladas, con dos guardias con las armas desenfundadas acompañándole. Es un vano apoyo, porque todos saben que si Astarté sigue en el hospital es porque está donde ella quiere y que nada de este mundo ni de ningún otro es capaz de mantenerla encerrada en contra de su voluntad.

Cuando llegan a la puerta del cuarto de la joven se acercan con temor e intentan no hacer ruido y acabar con aquella tarea lo más rápido posible. Pero el destino a veces se toma la libertad de reírse irónicamente de los juguetes que son para él los humanos. Al bajar de la escalera, el encargado resbala con uno de los rastros de musgo húmedo que salen a tiras por debajo de la puerta de Astarté y choca con uno de los guardias, quien pierde el agarre de la pistola con el golpe, la cual cae, rebotando varias veces contra el suelo.

Los tres se quedan paralizados y se miran con pánico en los ojos. Está todo en silencio, pero empiezan a retroceder hacia la pared opuesta a la puerta. Sus espaldas están a punto de tocar los fríos azulejos blancos cuando se oye el chirrido de unas bisagras.

-Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Molestando a estas horas y ni siquiera os dignáis a hacerme una visita.

Hasta sus oídos llega una voz suave y dulce, seductora y fría a la vez. Peligrosa y mortal. Y ante sus ojos aparece la imagen de la perfección, apoyada contra el marco de la puerta de forma despreocupada, con una sonrisa ladeada y los restos de lo que debió ser el camisón para los pacientes convertidos en velos blancos que apenas cubren su piel.

-Vuestros corazones laten muy deprisa, como el de un ratón que está siendo acechado por una serpiente a la que teme. Es divertido. Me gusta. Pero… ¿me tenéis miedo a mí?

Astarté empieza a reír como una niña ante un juguete nuevo y sacude la cabeza y la agacha, aún con una sonrisa alegre en la cara, hasta que el pelo oscuro le cubre el rostro y se calla de golpe. Poco a poco, vuelve a enderezar el cuello, pero la mirada que aparece entre su cabello ya no es entretenida. Ahora es cruel con rastros de locura. Es una mirada hambrienta.

-Hacéis bien en temerme.

Según salen las palabras de su boca, unas ramas surgen de los recovecos de la pared y atrapan a dos de los hombres con fuerza contra ella. Estos gritan hasta que con un giro de la mano, Astarté indica a la planta que les silencie, tapándoles la respiración.

El tercero aprovecha para intentar huir y echa a correr por el pasillo lo más rápido que le permiten sus piernas. Pero detrás de él la diosa se pasa la lengua por los labios mientras extienda la mano en su dirección, saboreando el momento. Y probablemente su próximo almuerzo.

-Creo que es hora de salir a jugar, lindo gatito. Corre y diviértete, Adad.


Un rugido se extiende por el hospital y más allá. El hombre se gira lo suficiente para que sus ojos observen cómo un enorme león salido de la nada se abalanza sobre él antes de sucumbir a la oscuridad. Un último grito rompe el silencio del gran edificio oscuro. Un último grito que crece hasta estallar la bombilla que acababan de cambiar. Un grito que suena a final.

lunes, junio 16, 2014

Pasos de zorro

Pasos de zorro

Plumas rojas. Plumas blancas. Pintalabios rojo y tacones blancos. Una última mirada al espejo y una sonrisa deslumbrante antes de enderezar los hombros. Camina unos pasos estirando cada uno de sus músculos hasta pararse delante del telón granate y espera. Segundos después, una cálida mano agarra la suya, entrelazando los dedos con los suyos. Se miran a los ojos y cogen aire juntos: por fin ha llegado su noche.
Enseguida suena la música de la orquesta y la tela se aparta dejándoles ver el escenario de tarima negra que en unos momentos será todo para ellos. Salen rápidamente y saludan con sus manos libres al público que empieza a aplaudir con emoción.

–Por primera vez después de tanto tiempo alejados de aquí, tengo el placer de ofreceros la vuelta de la mejor pareja de bailarines que jamás ha pasado por el Zorro Rojo: la maravillosa Hannah Davis y su eterno compañero Eric Morgan. –Se escuchaba la voz del presentador por todo el salón, quien debía estar en uno de los palcos superiores. Hannah adoraba a ese pequeño hombrecito–. Como dudo que sea necesario decir nada más sobre ellos, damas y caballeros, disfruten del espectáculo.

La música paró. Los aplausos enmudecieron. Las luces se apagaron y se hizo el silencio.

Resuena una palmada por toda la sala y le sigue una trompeta con un ritmo acelerado, a la que se le acopla el resto de la orquesta. El escenario queda iluminado por una luz tenue mientras dos focos de color rojo enfocan a las dos figuras que han empezado a mover sus cuerpos a la par, consiguiendo que sus pies sean simples sombras entrelazadas.

Incluso los asistentes que se encuentran más alejados sienten la pasión que los bailarines desprenden, el fuego que transmiten cuando sus cuerpos se rozan, cuando las manos de Eric tocan la cintura de Hannah o las de ella dejan su rastro por su espalda. La gente calla, observa, murmura asombrada, deja escapar el aire de sus pulmones ante los movimientos más arriesgados y sorprendentes que han visto nunca.
En el escenario, sólo están los dos. El público desaparece. Para ellos es el final de la época más angustiosa de su vida y el comienzo de la más próspera. Es el reencuentro de un soldado y su hogar; el reencuentro de una mujer y su corazón.

En ningún momento deja de existir el contacto entre la pareja mientras mezclan estilo, velocidad, agilidad y contorsionismo. Cada roce es una cura de cada herida física. Cada mirada es el remedio de cada segundo separados.

Es un baile de pasión y seducción, de arte y amor.

De forma abrupta la música cesa y el último taconazo de Hannah resuena por todo el edificio. Sus manos descansan en el pecho de su pareja. Eric acoge entre sus dedos el rostro de ella. Sólo se escuchan sus jadeos mientras sus frentes se apoyan en la del otro. Sus ojos parecen atravesar sus almas, hasta que a ambos empiezan a caerles lágrimas. Lágrimas de felicidad, de paz.

El tiempo parece haberse detenido. El público estalla en aplausos justo cuando se funden en un beso que sabe a esperanza. Entre sollozos y una lluvia de flores coloridas aceptan todos los gritos y silbidos de enhorabuena y admiración.


Y allí, en un escenario, sabían la única verdad que necesitaban. Estaban juntos. Estaban en su hogar.


martes, marzo 11, 2014

I'm darkness

I'm darkness

I'm a ghost of present and future,
a ghost of nothing and everything.
I'm a word that nobody wants to hear
and everybody needs to say.

This is the difference between being a hero
and dreaming about being one:
I'm a shadow of memories,
a shadow of past, regrets and lost.

But today I'm drowning, falling and breaking,
screaming, crushing and dying like never before.
Tonight I’m whispering to the silence:
“please, come and get me.
Please, turn off the sounds of chaos”.

They say. They lie. They hurt.
They try and I lose.
They laugh as I fight.
I run away as they watch.

I’m a story of tears and dreams,
a story of heavens and hells.
I’m a song the dead have to sing
and the living should never forget.

This is the difference between being here
and dreaming about being there:
I’m a reminder of mistakes,
a reminder of past, regrets and lost.

But tomorrow I’ll be floating, rising and breathing,
crying, sighing and living like ever after.
Then I’ll be shouting to the noise:
“please, come and get me.
Please, turn on the sounds of peace”.

They hush. They lie. They harm.
They laugh and I fight.
They try as I win.
I come back as they lose.

lunes, noviembre 04, 2013

Dance with the devil. Noches de baile y olvido.

Dance with the devil. Noches de baile y olvido

La música inundaba las calles, unas de las más despiertas de toda la ciudad a esas altas horas de la noche. Aún había gente en las colas para entrar a las discotecas a ahogar sus asuntos en alcohol y bailar dejando la razón fuera, para recogerla a la salida.
Entre algún tumulto de personas que se movían al son de canciones interminables, una pobre alma desamparada le pegaba un trago a lo que debía ser su octavo o noveno cubata con más alcohol que refresco. De vez en cuando, miraba a la pista de baile, añorando los tiempos en los que él también era un adolescente irresponsable con la cabeza a pájaros. Ahora sólo era un adulto serio de veintinueve años absorbido por su trabajo como abogado, defendiendo mafiosos y asesinos a cambio de un salario extremadamente elevado. Odiaba su vida y en lo que se había convertido casi tanto como a la mujer que amó mientras ella le engañaba con su mejor amigo después de meterle en aquel negocio. Terminó lo que le quedaba de bebida y pidió otra.


El camarero se la sirvió, pero cuando fue a echar mano de ella, unos dedos finos de uñas negras se lo impidieron. Alzó la cabeza hacia ella y se quedó prendado de su mirada. Sus ojos se encontraron  y los de la joven refulgieron como las llamas.
-No deberías beber más –habló con voz suave y atrayente-. Nadie debería desperdiciar una noche como ésta.
-Déjame, ¿qué más da lo que haga? –gruñó él cuando consiguió fijar la vista en algo que no fuesen aquellos pozos verdes-. ¿Qué importa que esta noche sea especial si mañana todo será igual?
La mujer sacudió su melena pelirroja y le dio un sorbo a su copa de vodka negro, dejando la marca de sus labios rojos carmín. Soltó la bebida en la barra y agarró al hombre de las muñecas, girándole para tenerle frente a frente. Se acercó un poco a su rostro.
-Carpe diem. Quizás mañana algo sea diferente. No presupongas nada antes de tiempo. –La voz de la pelirroja era sensual, casi magnética y, por supuesto, enigmática-. Olvida todo por una vez, no puedes vivir por y para tu trabajo únicamente.
-¿Cómo…?
El hombre se tensó inconscientemente, algo le hacía sentir que esa mujer era peligrosa, aunque no hizo ningún movimiento para soltar el agarre que ésta tenía sobre sus muñecas.
-Sshh, sólo disfruta. Baila conmigo esta noche –dijo tirando de él hasta ponerle de pie-. Tómate unas vacaciones, aléjate de aquí o toma las decisiones que quieras, pero no hoy.
Acabaron en la pista iluminada por luces fosforescentes, balanceándose al ritmo de la música. Él no necesitaba escuchar nada más que la voz de la hermosa mujer que tenía entre sus manos, susurrándole la letra de algo que parecía enturbiar el ambiente, como si se crease una niebla a su alrededor, encerrándoles a los dos. Aunque también podía ser que la cantidad de alcohol que llevaba en la sangre le hiciese ver una realidad algo desenfocada.

-Te invito a bailar esta canción, que te llegue al corazón.
Olvida tus penas y siente el fuego del dolor.
Sin más agarre que la bruma de mis caderas.
Aprende los pasos rápidos de esta canción.
Deja fuera la razón,
Esto es más un rock and roll,
Sólo guerra y pasión.
Te invito a bailar esta canción, que borre todo.
Cierra los ojos y déjate llevar.
Sin más motivo que la magia del infierno.
Aprende los trucos negros de esta canción.
Deja fuera la razón,
Esto es más un rock and roll,
Sólo guerra y pasión.

-Tienes una voz magnética, especial –pensó él en voz alta.
-¿Qué importa eso? –se rió ella quedamente.
-No sé, simplemente se me ha pasado por la cabeza –se unió a sus risas-. Sigo sin saber quién eres.
-Tampoco tiene importancia –negó con la cabeza-. Ahora somos sólo tú y yo. Con la única compañía de la luna llena. Es cuestión del lugar, del momento, de la presencia. Ni nombres, ni recuerdos, ni posibles daños ni heridas mal cicatrizadas.
El encandilado hombre, de repente, como si de un sueño se tratase, notó que había desaparecido el ruido a su alrededor. El aire viciado de la discoteca se había convertido en una corriente de viento fresca y limpia. Estaban en algún lugar en medio de una pradera, con la música de grillos y búhos y el brillo del lucero nocturno sobre ellos.
-¿Cómo…? –medio exclamó asustado.
Se alejó de ella de golpe y se frotó los ojos. Incluso se pellizcó en el brazo hasta poner una mueca de dolor.
-Debo de estar demasiado borracho –dijo sacudiendo la cabeza-. O quizás alguien me ha echado algo en la bebida.
La pelirroja se acercó sigilosamente hasta él. No le dejó tiempo para reaccionar antes de juntar sus labios sabor caramelo con los suyos. Con suavidad, colocó sus brazos en los hombros fuertes de su acompañante y entrelazó sus dedos en su pelo castaño, oscuro como la noche que les envolvía. Dejó que su lengua paseara por su piel suave, pidiendo permiso a su boca para poder entrar en ella.
Poco a poco, él fue cediéndole el paso. Algo dominado por el alcohol y por la pasión que le transmitía la cercanía del cuerpo de la hermosa mujer, deslizó sus manos hasta dejarlas reposar a ambos lados de sus caderas, atrayéndola aún más cerca. Siguieron besándose durante un rato, probándose mutuamente, tanteando los límites del otro, de su espontánea confianza.
-¿Sigues creyendo que es una ilusión, un sueño, un delirio? –le preguntó ella mordisqueándole el labio inferior.
-Pero, si no lo es, ¿cómo es posible? –miró alrededor, aún desconcertado-. Estábamos en la discoteca y, de pronto… hemos aparecido aquí.
Ella ladeó la cabeza, expectante mientras él cavilaba la situación.
-Una noche, un momento, un rostro borroso. Ningún recuerdo, ningún daño –dijo al final con los ojos casi cerrados, perdido en sus pensamientos.
-Eso mismo –asintió la pelirroja, con una sonrisa felina, peligrosa, ardiente.
-Pero, ¿y si después de todo me parece poco? ¿Y si no quiero que acabe así? –preguntó, acariciándole con una mano una parte del cuello que su pelo dejaba al descubierto, mientras la miraba embelesado, intentando ponerle a sus ideas algo más de orden-. Quizás quiero que sea de noche para siempre, no tener que recordar por no haber olvidado nunca. No saber tu nombre, sino todo.
La mujer le miró entre sorprendida y extrañada. Nunca en sus muchos años de vida, existencia, o lo que fuese, le habían propuesto algo así. Ya fuese por instinto de supervivencia, por desconfianza o por alguna otra razón, pero acababan huyendo siempre. Ella era peligrosa. Más que cualquier otra mujer. Su mente solía ser retorcida, llena de planes maquiavélicos; y su corazón, frío, insensible, vacío de sentimientos. Solían. No esa noche.
-Tengo que irme, algo no está bien, pero… –se excusó rápidamente.
-¿Volveremos a vernos? –dijo él, con un tono algo implorante-. ¿Me has intentado convencer de que esto es real, pero ahora desapareces como si tal cosa?
-Lo intentaré; supongo que cuando menos te lo esperes te encontraré de nuevo.
Al igual que antes aparecieron en aquel claro bajo la luna, llegaron a las sombras que había al lado de la puerta de la discoteca. Con la diferencia de que ahora él estaba solo, con un último y cálido beso en los labios. Se apoyó en la pared, pensando que nada de aquello tenía sentido, con la cabeza embotada y aún oliendo el perfume salvaje de la pelirroja misteriosa. Se le ocurrió la idea de volver a entrar y pedirse un par de chupitos de lo más fuerte que tuviesen, para volver a olvidar, pero algo le quemó por dentro sólo de pensarlo. Así que, simplemente, decidió llamar a un taxi de los muchos que pululaban por ahí cerca y marcharse a casa.
Esa noche no durmió demasiado, tampoco las siguientes. En todas sólo pensaba en ella, en la chica de fuego. Sin darse cuenta, la buscaba por la calle. Cada vez que veía a alguien con el pelo de un color parecido, su corazón pegaba un brinco, pero siempre eran falsas esperanzas. Y así, pasó una semana desde que la conoció.

domingo, octubre 27, 2013

Gone

Olvidémonos hasta de nuestros nombres, que sólo importe el aquí y ahora, que no queden recuerdos de todo lo que fuimos y de lo que ya no seremos.


Aprovechemos que hay oportunidades, a pesar de las desilusiones y demasiadas decepciones.

viernes, julio 05, 2013

¿Algo más?

¿Algo más?

¿Qué es el amor más que egoísmo?
Cuando amas, quieres a esa persona para ti.
Que sólo sienta algo por ti.
Que sólo se fije en tu sonrisa, en tus lágrimas...
Quieres ser su mundo y que gire en torno a tus pensamientos...
Que sus sonrisas mágicas lleguen dedicadas únicamente a tus ojos y cualquiera que las vea se convierte en un ladrón, un enemigo.

Por eso, cuando no es así, sientes que vas contracorriente, que todo son zancadillas que quieren hacerte tropezar...
Sentimiento egoísta que queremos tanto como odiamos, que anhelamos tanto como huimos de él... pero todos caemos con sus promesas de felicidad que se truncan en pesadilla tras pesadilla.

martes, mayo 21, 2013

No pidas permiso, pide perdón por haberlo hecho

No pidas permiso, pide perdón por haberlo hecho



En una de esas veces en las que te sientes inferior al -1, es cuando tienes que pensar que pronto todo cambiará. Nada puede hacerte ser diferente, nadie puede ayudarte a ser tu polo opuesto si no pones de tu parte. Sólo busca una razón y deja que las cosas sigan su ritmo modificando su trayectoria.

Poco a poco, paso a paso.

¿Quién habló de destino? Aquél que no se atreve a hablar de personas, aquél que no probó a jugar con las oportunidades, arriesgando lo que tiene para lograr lo que quiere. Alguien que no ha vivido ni ha sabido vivir.

¿Para qué hablar de pasados? Hay que mirar al futuro.

¿Para qué temblar por los recuerdos? Mejor ilusionarse por los sueños.


sábado, abril 13, 2013

Haré

Haré

Le diré al viento que todo está perfecto.
Le diré al tiempo que nada queda dentro.
Le susurraré al destino que no hace frío.

Dejaré los recuerdos a salvo.
Los buenos, los malos, los nuestros.
Dejaré los momentos a resguardo.
Los alegres, los tristes, los nuestros.

Permitiré que se repitan las noches.
Noches de lágrimas y sonrisas.
Permitiré que se abran las heridas.
Noches de curas y dolores.

Le diré al viento que todo está perfecto.
Le diré al tiempo que nada queda dentro.
Le susurraré al destino que no hace frío.

Gritaré al cielo que sólo soy gris.
Días blancos y negros unidos.
Gritaré a quien escuche un por fin.
Días que quedarán perdidos.

Le diré al viento que ya todo está perfecto.
Le diré al tiempo que ya nada queda dentro.
Le susurraré al destino que ya no hace frío.

domingo, marzo 31, 2013

A fuego lento

A fuego lento

Esas ocasiones, cuando te sientes libre de tantas cosas, (no importa cuánto tarde en llegar), son momentos que debes guardar en tu baúl, entre algodones. No los dejes escapar, o si no nunca volverán. Son tan efímeros como los sueños que se fugan cada noche de tu almohada, como los miles de besos que anhelas recibir, más aún que los que deseas dar a esa persona que con cada palabra que te dedica te asciende al paraíso. Encadena con hilos de oro las sensaciones que rozan tu cuerpo, los pensamientos que caminan por tu mente y los sentimientos que acarician tu corazón.
Rememora cada recuerdo que alcances y deposítalos en una cazuela, échale una pizca de sal, una cucharada de azúcar y espolvoréalo todo con los restos de sueños que quedan en tu cama, remueve y a fuego lento, deja que se evaporen. Llenarán la habitación como los acordes de cualquier mágica canción.

sábado, marzo 16, 2013

Volvamos a empezar

Volvamos a empezar

Querría escribir unos pequeños versos de amor,
pero no logro sacar el rencor de mi corazón.

Alguien inteligente ya escribió: 
si el amor se lograse por méritos...
Pero unos siempre tienen más que otros sin razón.
Mientras alguien presume de su posesión,
otros lloran de dolor.

Y quizá todo se resume en una canción
que componemos con cada amargo acordeón
que creamos con nuestro acuchillado corazón.

Quería escribir unos breves versos de amor,
pero todo se queda en intención.

Quien sabe aprovechar ,
nunca le dejaría marchar,
pero ambos sabemos que eso no será.

Sólo un peón más para ganar, 
solamente un juguete más para estropear.

Consecuencias al final,
a bien o a mal, 
dos pierden y uno se queda en el pedestal.

Hay que saber amar,
pero sobre todo saber perdonar,
saber olvidar.

Las oportunidades pasan sin cesar,
si no aceleras las perderás.
Esas jamás esperarán.
Yo aprendí a sentarme y verlas desfilar.
En ocasiones duelen y hacen llorar,
pero te enseñan a esperar.
Sobre todo, te enseñan también a valorar
los motivos para amar.